Es una de los puntos “cardinales” en cronometría del Cuaternario, juntamente con luminiscencia. La técnica estriba en la excitación de electrones mediante la aplicación de un campo magnético. Abarca un amplio rango de tiempo, de hasta 2 millones de años, siendo los dientes el típico material “datable”, aunque se puede abordar carbonato y cuarzo también. El método ofrece pues la posibilidad de la datación directa de un fósil, a diferencia de otras técnicas como luminiscencia donde a menudo se determina la edad de la matriz arqueológica.