Comunicar la Ciencia
José María Bermúdez de Castro
Director del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, Burgos.
Hace un tiempo tuve ocasión de participar en un encuentro sobre “comunicación científica”, organizado por los departamentos de comunicación de ciertos organismos públicos. Ante todo, me parece importantísimo que desde las administraciones se haya tomado conciencia de la trascendencia de comunicar los avances de la ciencia a la sociedad.
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Llevamos todavía un retraso notable con respecto a los países situados en la vanguardia de la ciencia y nos costará llegar al nivel que a todos nos gustaría alcanzar. La comunicación de la ciencia a la sociedad es un paso fundamental en este proceso. Desde luego, todos disfrutamos de los avances tecnológicos fruto de la investigación en muchas disciplinas, desde la biomedicina a la física cuántica. Pero también podemos y debemos disfrutar de los métodos, hipótesis y procedimientos que generan los avances tecnológicos, así como de las investigaciones que simplemente incrementan el conocimiento de la humanidad.
Muchos científicos cuestionan la capacidad de los “no iniciados” para entender la enorme complejidad de ciertas disciplinas. Ciertamente, el lenguaje críptico y particular de cada materia, además de la dificultad del conjunto de métodos que se utilizan para el contraste de las hipótesis, son impedimentos importantes en el cometido de comunicar la ciencia. Pero no se trata de formar expertos en todos los ámbitos, sino de transmitir la esencia fundamental de los conocimientos. Para ello es necesario realizar un enorme esfuerzo de traducción de la jerga específica a un lenguaje más comprensivo, así como un ejercicio de selección de los aspectos más significativos y de síntesis de los conocimientos. Algunos científicos son capaces de transmitir sus conocimientos a un público no profesional, pero con cierta preparación para entender determinada materia. Sin embargo, el reto más importante es conseguir interesar a una gran mayoría.
En España existen excelentes profesionales de la comunicación de la ciencia, verdaderos expertos que se han formado a la par que se desarrollaba la investigación científica de los últimos treinta años. Desde luego, ellos y ellas deberían ser quienes realizaran el trabajo; pero no es menos cierto que necesitan el apoyo de los investigadores para llevar a cabo su cometido. En los últimos veinte años, nuestro sistema de evaluación de la producción científica se ha centrado casi de manera exclusiva (y yo diría que hasta obsesiva) en la acumulación de publicaciones científicas de cierto nivel. ¿Cómo pues perder el tiempo en otras labores menos rentables para nuestro currículo? Celebraría que los responsables de la Ciencia en España apoyaran de manera decidida a los científicos, para que dedicaran una parte de su esfuerzo a divulgar sus conocimientos. Se necesita también la complicidad de los medios para que dejen más espacios para la ciencia, aunque fuera a costa de reducir los chismorreos de la política y otras informaciones poco o nada formativas.